CHILE, María Fischer •
“El mismo Cristo vivió entre nosotros como extranjero. Por eso, la Iglesia ha reconocido en los migrantes una presencia viva del Señor” (Dilexit te, n.º 73). Las palabras del Papa León XIV resuenan hondamente en mi corazón mientras entro, junto con Verónica Morandé y Eliana Calle, al Campo de Migrantes de San Felipe. Allí, ellas y un grupo de voluntarios entregan desde hace años su tiempo y su cariño, especialmente a los niños bolivianos y venezolanos que hoy llaman a este lugar su hogar. —
La visita al campo de migrantes permite asomarse de cerca a la labor silenciosa y perseverante que la Fundación María en el Camino realiza con personas llegadas de Haití, Venezuela, Colombia y Bolivia. Muchas de ellas cargan historias marcadas por la violencia, la pobreza extrema y la inseguridad, y han emprendido este camino con la esperanza, a veces frágil pero tenaz, de encontrar una vida más digna que la que dejaron atrás.
El campamento Yevide, en San Felipe, es una de las tomas de terreno más grandes de la zona y está habitado principalmente por migrantes y familias vulnerables. El origen de este asentamiento se remonta a 2017, cuando comenzaron a levantarse las primeras construcciones en un terreno ubicado en la periferia de la comuna, cercano a la ruta H-60 y perteneciente a Esval y Constructora San Bartolomé.
Antes de la pandemia, explica Eliana, muchas de estas personas vivían en piezas arrendadas en San Felipe. Pero, al perder sus trabajos durante la pandemia, ya no pudieron pagar el alquiler y, para tener dónde vivir, ocuparon este terreno abandonado junto a la autopista.
No solo hay unas 900 viviendas; existen casas de cambio, iglesias, peluquerías, minimarkets, ferias, bares, una discoteca e incluso una consulta dental que ofrece servicios a bajo costo.
Entramos en auto por calles de tierra rumbo a la “Casa Capilla”, ese pequeño refugio donde cada viernes se entrelazan el apoyo escolar, la catequesis y la alegría sencilla del juego. Ya había leído sobre esta obra y sabía que la Madre tres veces admirable de Schoenstatt ha querido hacerse presente entre los migrantes, compartiendo sus mismas condiciones de vida. Y, sin embargo, conmueve de verdad cruzar la puerta de la Casa Capilla y encontrarse con su imagen: la misma que habita el Santuario Original de Schoenstatt, más de 200 santuarios y miles de ermitas, hospitales, cárceles, colegios y hogares de toda clase.
Miro el material de apoyo escolar, los juegos, las mesas y las sillas, y todo habla de cariño, de cuidado, de una entrega concreta a los más vulnerables entre los vulnerables: los niños. Niños que muchas veces no alcanzan a comprender por qué tuvieron que dejar su casa, sus amigos y su país, y que, aun así, siguen buscando un lugar donde sentirse abrazados y seguros.
La ermita
A pocos pasos de la Casa Capilla encontramos una ermita de la Madre tres veces admirable, rodeada de casitas sencillas y de la vida cotidiana del campamento. Muy cerca, haitianos tocan sus instrumentos y regalan al aire ritmos caribeños; también hay peluqueros trabajando en los jardines de sus casas y mujeres cocinando. El cuadro está algo descolorido y gastado —“Tenemos que cambiarlo pronto”, dice Eliana—, pero nunca faltan flores delante. Verónica cuenta que la gente las trae con frecuencia, como un gesto sencillo y entrañable de amor.
Esta ermita pertenece verdaderamente a la gente: es la ermita de los migrantes. La cuidan, la visitan y alimentan el capital de gracias para que ella pueda obrar aquí y mucho más allá. Quién sabe en cuántos lugares del mundo vivimos, sin saberlo, de ese capital de gracias ofrecido con generosidad por migrantes de Venezuela, Bolivia y tantos otros países, en esta inmensa red de solidaridad que sostiene la esperanza.
Los niños
Eliana trajo material escolar, lápices coloridos y papeles para los niños. Donaciones de gente generosa. Visitamos unas casas, saludamos a padres, regalamos estos tesoros a los niños. Eliana y Verónica preguntan por el tema de colegio, si atienden, si les falta algo…
Encontramos una adolescente que hace rato no atendió a las actividades en la Casa Capilla. Eliana y Verónica la invitan a volver…
En la casa de una familia con tres hijos pequeños, hablamos más tiempo. Hay confianza. ¿Saben que en enero se desalojará el campamento? ¿Ya tienen a dónde ir? Se nota la sorpresa y un susto fuerte en las caras de todos. Aún no sabían. ¿Dónde vamos a ir a jugar?, pregunta la más pequeña.
¿Todo va a terminar?
El desalojo total del Campamento Yevide en San Felipe, Chile, está programado por mandato judicial y legal para enero de 2027. Son unas 900 viviendas… con ancianos, adultos, niños, mascotas, pertenencias, herramientas de trabajo (informal), mercadería, más la “Casa Capilla”, la ermita …
Si bien la resolución establecía la ejecución del desalojo durante el mes de junio, las autoridades acordaron de manera coordinada postergar el procedimiento hasta enero de 2027, considerando el impacto que una medida de este tipo podría generar en plena temporada invernal. El acuerdo busca resguardar a las familias involucradas frente a las condiciones climáticas adversas, además de permitir una mejor planificación logística y social del proceso.
Muchas de las familias aún no saben a dónde ir cuando llegue el momento de tener que salir del campamento. ¿Volver a sus países? ¿Buscar otro lugar? Difícil… Pero Eliana y Verónica saben que quieren seguir apoyando a los niños y sus familias.
Justicia social
“Un examen decisivo para la justicia social hoy está representado por la condición de los migrantes, de los refugiados y de cuantos son obligados a desplazarse a causa de la pobreza, la violencia, el cambio climático y los desastres naturales. El modo en el cual una sociedad los trata muestra si su idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad. El Papa Francisco invitaba a reconocer en los migrantes no simplemente un problema a resolver, sino «una imagen viva del Pueblo de Dios en camino»; personas con dignidad, recursos y sueños, que tienen derecho a ser tratadas con respeto y piden la oportunidad de poder formar parte activa de las sociedades que las recibe”.
Artículo escrito por María Fischer y publicado originalmente en Schoenstatt.org Compartido en la página web de la Fundación María en el Camino con autorización y reconocimiento de la fuente.




